Libertad condicionada

No somos libres en lo absoluto. No somos libres. Por eso, cada vez que alguien dice que lo somos, miente. Nadie es libre, ni siquiera nuestro País. Cada uno de nosotros está atado a algo o alguien. Estamos atados a un pensamiento, a una creencia, a unos valores, a un amor o a lo qué dirán.

Si verdaderamente fuéramos libres, no tendríamos filtros ni prejuicios. No seríamos subjetivos y trataríamos de igual forma a todo el mundo. Nuestra supuesta libertad es una falacia, porque no, así no son las cosas.

No somos libres de pensamiento porque creemos que tenemos la verdad absoluta y que quienes no están a favor de ello están mal, ignorando completamente que la verdad es relativa. Creemos que ese grupo que representa la minoría debería cambiar de parecer, cambiar su esencia. Sin embargo, ellos opinan lo mismo de nosotros, que somos superficiales y que no vemos otros puntos de vista.

Estamos atados a un amor, al pasado o a una persona que nos demuestre su cariño de formas increíbles. Y, si no tenemos amor, de un momento a otro quisiéramos tenerlo y nos rompemos la cabeza cuando vemos fotos estupendas o lindos calces. A diferencia de lo que somos, una persona libre esperaría y no perdería su tiempo ni sus energías en eso.

Una persona libre anda como quiera, viste como quiere, habla como desea y se expresa en el momento y hora que lo entienda. Esto no tiene que ver con modos de crianza, tiene que ver con la esencia de ser quien verdaderamente somos y no ocultarnos bajo la sombra de lo que no es ni nunca será.

No somos libres pendientes a la vida ajena, a las demás personas, en lo que te falta y en cómo lucimos hoy. Una persona libre sale a la calle con una sonrisa en el rostro sin importar si su blusa combina con los zapatos o si llevó una media distinta a la otra.

No somos libres porque siempre tenemos que competir, porque mentimos y ocultamos nuestras verdaderas intenciones, estas sean buenas o malas. No somos libres porque aguantamos mucho hasta estallar en llanto. Estamos presos de lo que decimos y las decisiones que tomamos.

No somos libres porque el gobierno nos regula y nos limita y si no son ellos, nosotros nos ponemos nuestras propias limitaciones. No somos libres porque no confiamos en nosotros mismos y no somos capaces de tomar decisiones.

No podemos querer sin esperar algo a cambio ni mucho menos poner a otros ante nosotros. No somos libres aunque quisiéramos, porque la realidad es que nuestra libertad está condicionada mediante qué somos, de dónde somos, qué pensamos y qué hacemos, porque todo eso nos encierra.

No podemos liberarnos, tan siquiera políticamente, porque unos quieren azul, otros verde e incluso hay quienes quieren lo mejor de ambos mundos. Tenemos una pobre educación que no nos permite ver más allá de lo que por el momento nos han enseñado, y ciertamente, la mejor manera para combatir la opresión es instruirse. Pero qué más da, porque también la regulan y la hacen inaccesible mediante la incrementación de su costo.

Estamos destinados a morir de un ataque al corazón o padecer de diabetes porque lo bueno es caro y lo malo viene en ofertas. Estamos atados a una gaseosa que una botella que nos hidrata. Y, díganles que las dejen, pero muchos no podrán. Ellos se han vueltos adictos y todos consumistas.

Estamos atraídos a los letreros rojos y las letras blancas, a los especiales y las gangas. Queremos llevarnos todo lo que podamos, no importando si lo necesitemos o no porque va mucho más allá. A través de esta práctica logramos saciar una necesidad, la necesidad de auto justificarnos. El afán consumista obliga a tirarlo todo y comprar más.

El adicto no suelta su droga como el trabajador o el estudiante al café. La religión nos lleva a creer en una sola cosa y a aborrecer las demás. Estamos atados de los medios de comunicación, al Internet, a las últimas tendencias y a las deudas.  Independientemente qué, somos adictos, prisioneros y esclavos, de algunas cosas porque son parte de la vida y de otras porque somos unos imbéciles.

locks-trans-3

Enredos es Angélica Serrano. Semi periodista, semi socióloga. Independentista sin camiseta verde. Sarcástica, agria, analítica como Rubén Sánchez, y rebulera como Carmen Jovet. Puertorriqueña con corazón sevillano. Leer más de la autora

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s