Por Angélica Serrano Román/ Centro de Periodismo Investigativo

Los funcionarios no están acostumbrados a que los periodistas verifiquen la veracidad de sus afirmaciones. En mi experiencia chequeando datos, cuando estos se ven en aprietos en alguna conferencia de prensa o entrevista, suelen argumentar y tratar de sostener sus afirmaciones con los datos que tienen a la mano o que han oído. Los usan para presentar, por ejemplo, una presunta mejora en la economía o la disminución en la emigración, cosa de proyectar positivamente la gestión que está realizando la administración a la que pertenecen.

Chequear los datos que los periodistas investigamos e integramos en nuestras historias es parte del trabajo cotidiano. Sin embargo, verificar los argumentos y datos que expresan los políticos y figuras de interés es otra cosa. Los que hacemos eso tenemos la responsabilidad de confirmar cada uno de esos datos que dan los políticos y funcionarios en las agencias gubernamentales para validar si sus afirmaciones son ciertas, o si por el contrario son engañosas o falsas. 

Los políticos y funcionarios tienen la percepción de que la gente les creerá todo lo que digan. Y en parte tienen razón. Una de las cosas que provoca la desinformación es que muchas personas piensan que todo lo que está entre comillas o tiene un porcentaje es cierto. No muchos se cuestionan si lo es o no, sobre todo en los temas que están rodeados de mitos y prejuicios, pero que en realidad no hay datos certeros porque nunca se han producido o porque los que se usan están obsoletos.  

Por ejemplo, el gobernador Ricardo Rosselló dijo en una conferencia de prensa que “desde el 2011 hasta el 2018, entre 75 y el 80 por ciento de los crímenes son por conducto del narcotráfico”. Es un discurso que se ha repetido en Puerto Rico durante años. Un argumento que, incluso, han usado entidades federales en sus informes, citando como fuente a agencias locales. De hecho, la Agencia para el Control de Drogas, en su Evaluación de amenaza de drogas de 2018, citó a la Policía de Puerto Rico cuando dijo que aproximadamente el 60 por ciento de los homicidios en la isla está relacionado a las drogas.

Luego de llamar a esa agencia, al Negociado Federal de Investigaciones, al Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, un criminólogo, una profesora de justicia criminal e incluso a la misma Policía, descubrimos que no se hace tal desglose, que las estadísticas que se llevan aquí no recogen este tipo de dato. O sea, nadie ha visto esas estadísticas porque no existen. Esa es la consecuencia de repetir los datos como el papagallo. 

El año después de los huracanes Irma y María, los políticos, especialmente los de la administración de turno, comenzaron a dar cifras positivas en sus discursos, para tratar de convencer a la ciudadanía de que la recuperación de Puerto Rico iba por buen camino. Destacaron, por ejemplo, el aumento en la actividad económica y una histórica baja en el nivel de desempleo, que resultó ser falso, según demostró un chequeo del Centro de Periodismo Investigativo.

Sin embargo, ese hábito de utilizar datos superficiales o fuera de contexto luego de catástrofes o depresiones económicas no se hace solo en Puerto Rico. En Argentina, el sitio de verificación de datos Chequeado aclaró que el 5% de aumento en la productividad declarado por la expresidenta de esa nación, Cristina Fernández, se estaba tomando de una base incorrecta. Aunque es cierto que hubo un incremento en esa variable clave para medir el crecimiento económico, la cifra aumentó porque el país estaba saliendo de una de sus peores crisis económicas. Luego de que Chequeado consultara a un economista especializado en el análisis de productividad, se aclaró que gran parte del despunte reflejado entre 2002 y 2008 se debió a que utilizaron datos que respondían a ganancias que no eran sostenibles, sino de corto plazo.

En Puerto Rico, el Gobernador decía hace varios meses que los indicadores económicos estaban mejorando. Es obvio que eso sucedería, pues se comparaban meses en que la isla aún estaba viendo las consecuencias inmediatas del huracán María y había poca actividad económica, con meses en los cuales estaban llegando fondos federales y privados para la recuperación. De igual modo, la migración incidió en el porcentaje de desempleo, que fue otro de los indicadores destacados por el primer ejecutivo. 

Hay que estar “ojo al pillo” para que los políticos no se jacten de logros o resultados ajenos a raíz de las crisis.

En Estados Unidos, existe Politifact, un sitio de verificación de datos que ganó un Pulitzer en el 2009. Han calificado como “mentirosas” o “ridículas” más de 330 afirmaciones del presidente Donald Trump. Mientras que The Washington Post ha encontrado 10,796 frases falsas o engañosas del primer mandatario estadounidense. De su antecesor, Barack Obama, Politifact reveló, entre otras cosas, que había mentido cuando dijo que la mayoría de los jóvenes americanos no estaba cubierta por un seguro de salud. El dato era incorrecto porque era solo una cuarta parte, no la mayoría de los jóvenes.

Si miramos a México, está El Sabueso de Animal Político. Recientemente, el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que, cuando fue Jefe de Gobierno, redujo los homicidios en un 30%, pero no hay datos oficiales que sostengan esa afirmación.

Es muy fácil decir, por ejemplo, que el nivel de pobreza alcanzó su nivel más bajo en la historia. Pero a los políticos les parece más fácil referir a los periodistas a asesores e incluso a Google, para buscar de dónde sacaron esos datos. Me ha pasado.

Estos políticos están repitiendo la información que alguien les dice y no tienen a la mano la fuente o ni siquiera preguntaron de dónde sus asesores obtuvieron el dato. Y así van dando información en una conferencia de prensa, una entrevista radial o un comunicado. El chequeo consiste en corroborar que el dato afirmado al menos existe, es de una fuente confiable, y está en el contexto correcto. Utilizar información cierta para armar un argumento engañoso o sacarla de contexto es manipulación.

Otra consecuencia de la desinformación es que el dato erróneo se difunde en las redes sociales mucho más rápido que el dato verificado. A veces leemos o escuchamos tanto ese argumento que dijo un político, que ya lo asimilamos como cierto. Por esa misma razón es que existen los datos estandarizados, para saber, por ejemplo, si la economía está en crecimiento o no, para comparar la cantidad de negocios que han cerrado a raíz de un desastre, para saber cuánta droga se incautó en las costas.

Chequear datos mejora la calidad del debate público y puede ser el antídoto para detectar un discurso político hueco. Es importante saber si los funcionarios están ofreciendo argumentos basados en opiniones o en datos verificables. Preguntarnos cómo están tomando las decisiones y por qué, dejando al descubierto sus verdaderas intenciones e incluso su ignorancia sobre los temas que impactan a las personas.

Escúchame en radio discutiendo la columna:

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